La hora de los nietos: zapaterías clásicas se expanden al mando de la tercera generación

Tosone fue fundada en 1938 por José María Tosone y hoy trabajan en la empresa cinco de sus nietos, que exportan zapatos a Chile, Estados Unidos y Japón 

La premisa dice que la primera generación funda la empresa, la segunda la hace crecer y la tercera la funde. No es el caso de algunas zapaterías clásicas de Buenos Aires que, timoneadas por los nietos de quienes iniciaron el negocio, incorporaron herramientas digitales, se expandieron y encontraron la forma de llegar a un público que ama los mocasines hechos a mano de sus estantes, pero quiere también probar zapatillas.

Sol Tosone, de 40 años, lo dice con orgullo: el primer local de la marca de zapatos Tosone, sobre la calle Libertad, fue inaugurado el mismo día que ella nació. Ahora la nieta del fundador es la encargada de las cuentas en el área de comercialización de la firma. Virgina Tosone -tiene 51-, su prima, comanda los números de la fabricación.

Actualmente produce 150 pares por día y 12.000 por temporada. La mitad corresponde a productos de su propia marca (a los que se suman otros comprados a proveedores externos y se comercializan en sus siete locales propios) y la otra mitad a producción para otras marcas de alta gama.

Además, exporta a Chile, Estados Unidos, Japón y pronto participará, junto a la Cámara de la Industria del Calzado y el ministerio de Producción, de misiones comerciales a Italia, Perú y Colombia.

Su principal hito hasta el momento fue la incorporación del e-commerce al negocio. Por esa vía venden a Estados Unidos, Europa, Tailandia, países de África y decenas de otros destinos exóticos. Pero además, Guido tiene locales en Brasil, Uruguay y España. «Llegamos a tener más de 20 locales en Italia, después nos achicamos porque el precio argentino dejó de estar competitivo y el año pasado volvimos a exportar a nuestros grandes clientes de los países limítrofes», apunta.

También incorporaron la venta online, que les permite llegar a todo el país con los mismos precios que tienen en Buenos Aires. Sin embargo, para Tossounian ese primer local de Olivos sigue teniendo la mística del origen. «En esa sucursal que estamos hace tantos años -dice Tossounian- se da algo singular: el cliente entra y, sin mirar la vidriera, nos dice: ‘¿A ver qué tenés para mí?’. Y vos lo conocés o te das cuenta por la ropa que usa qué le podés ofrecer».

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Fuente: LA NACION – Crédito: Mauro Alfieri